Vivir con VIH

  1. EL DIAGNÓSTICO DEL VIH/SIDA
  2. INFORMACIÓN Y DESINFORMACIÓN
  3. SENTIMIENTOS DE CULPABILIDAD
  4. EL RECHAZO Y LA DISCRIMINACIÓN
  5. ¿A QUIÉN SE LO DIGO Y A QUIÉN NO?
  6. ¿CÓMO VIVO CON EL VIH?
  7. GRUPOS DE APOYO
  8. LA SEXUALIDAD
  9. EMBARAZO Y VIH
  10. LA ALIMENTACIÓN
  11. EL EJERCICIO FÍSICO
  12. LOS DERECHOS DE LA PERSONA QUE VIVE CON EL VIH

EL DIAGNÓSTICO DEL VIH/SIDA

El diagnóstico del VIH desempeñará, aunque de distintas formas, un importante papel en tu propia vida o en la de una persona cercana. Algunos ya sospechaban que podían tener este diagnóstico, mientras que para otros es una noticia absolutamente inesperada. Para todos, sin embargo, es una situación cargada de emotividad, donde pueden aparecer el miedo, la culpa, la responsabilidad, el dolor, el sentimiento de encontrarse cara a cara con la enfermedad y la muerte. Cuando a una persona se le comunica su seropositividad, se van a producir reacciones emocionales de mucha intensidad, a veces contradictorias y difícilmente asimilables en un primer momento.

En la mayoría de los casos, el diagnóstico de VIH provoca una crisis que se caracteriza, fundamentalmente, por el temor y la confusión. Tienes miedo a la enfermedad, al deterioro y a la muerte. No sabes muy bien lo que va a suceder. No sabes qué decir a los demás. Tienes miedo de haber transmitido el VIH a otros. Existe la amenaza de la discriminación, de perder tu empleo y tus ingresos. Tienes miedo al aislamiento y a la dependencia. De repente, puede ocurrir que tu estilo de vida y tu forma de vivir la sexualidad se conviertan en objeto de debate. Parece que algo de tu identidad se vea seriamente afectado.

Ser seropositivo te generará diferentes sentimientos y emociones. Los primeros meses después de enterarte que eres seropositivo son un periodo emocionalmente duro y difícil, este malestar puede perdurar en el tiempo. A medida que pasa el tiempo, y si buscas y recibes apoyo, la intensidad de estas sensaciones irá disminuyendo.

No eres ninguna excepción si en esta situación tan difícil no sabes qué hacer con tus sentimientos. Tienes todo el derecho a pedir y recibir tiempo y atención. Esto también se aplica a la pareja, los amigos y los familiares.

INFORMACIÓN Y DESINFORMACIÓN

El VIH es una patología reciente. El hecho de que la medicina se desarrolle tan rápidamente, hace que el paciente reciba información novedosa, todavía confusa y, a veces, contradictoria.

Estos rápidos desarrollos y la confusión que crean requieren mucha energía por tu parte y por la de tus familiares y amigos. Los periódicos e Internet suelen incluir noticias acerca del VIH, que en ocasiones aumentan la angustia y la confusión. Desde aquí consideramos recomendarte que solicites información clara a los profesionales sanitarios o a otros interlocutores y agentes sociales especializados en cuestiones de VIH.

La sorpresa de la aparición de la enfermedad en un mundo que creía tener dominadas las enfermedades de transmisión sexual, la gravedad de la misma y la ausencia de conocimientos científicos por ser una enfermedad nueva, durante los primeros momentos dieron lugar a informaciones precipitadas y confusas sobre otras posibles formas de transmisión del VIH.

Desde hace mucho tiempo se han determinado perfectamente las vías de transmisión por lo que pueden desterrarse los rumores definitivamente.

La infección del VIH ha sido asociada erróneamente a la saliva, las picaduras de mosquitos, por contacto de la piel o por realizar donaciones de sangre. Todas estas asociaciones son falsas.

Es preciso tener muy claras las vías de transmisión del VIH para poder basar en ellas las medidas preventivas correspondientes y abandonar estos errores, que complican la comprensión de los hechos y dificultan la adopción de una conducta sanitaria correcta.

SENTIMIENTOS DE CULPABILIDAD

El hecho de que el VIH se transmita, entre otras vías, a través de las relaciones sexuales y mediante el intercambio de jeringuillas contaminadas durante un consumo de drogas, puede provocar, en las personas infectadas por VIH, unos sentimientos de culpabilidad y confusión.

Además se corre el riesgo de que tu estilo de vida sea asociado injustamente con algo socialmente reprobable o incluso con la muerte. Cuestiones estas que pueden provocar el rechazo y la discriminación. Dichas reacciones de la sociedad pueden resultar enormemente dolorosas para las personas que viven con el VIH, para sus parejas, familia y amigos.

EL RECHAZO Y LA DISCRIMINACIÓN

Estigma y discriminalización

El sida, en sus orígenes, se relacionó con figuras y metáforas, todas ellas con connotaciones negativas, que vinieron a reforzar comportamientos de discriminación hacia colectivos ya marginados previamente.

A lo largo de la historia, se ha instalado en la sociedad el miedo a las diferencias. La discriminación y la estigmatización se basan en generalizaciones y en prejuicios, es decir, en juicios emitidos sin tener conocimientos de lo que una persona es, siente o vive.

Muchas veces el trato hacia las personas que viven con VIH/sida y la dificultad para defender sus derechos se basan en el desconocimiento y el temor aprendido socialmente, así como en el miedo a la enfermedad y a la muerte.

Los medios de comunicación han tenido un papel fundamental en la construcción de estas representaciones e imaginarios que han ido conformando, junto con otros factores, la realidad social del VIH y del sida. El miedo, el rechazo y la ignorancia han provocado la estigmatización y la discriminación de las personas con VIH. Esta situación generó un movimiento asociativo fuerte que ha desarrollado un excelente trabajo en la defensa de los derechos de las personas con VIH y en la lucha contra la discriminación.

Los logros obtenidos por las personas que viven con VIH/sida y las ONG de este sector han sido notables, aunque queda camino por recorrer.

Desde la Primera Consulta Internacional sobre Sida y Derechos Humanos de 1989, la lucha contra la discriminación no sólo ha sido una exigencia derivada del entramado ético y normativo de la sociedad internacional, basada en los derechos humanos, sino que ha supuesto un elemento básico en la propia lucha contra la epidemia.

Vivir sin temor

El estigma que experimentan las personas con VIH y las situaciones de discriminación a las que se ven expuestas tienen que ver fundamentalmente con una vulneración de los derechos humanos, lo cual justifica y obliga a tomar todas las medidas necesarias para que esto no suceda.

La influencia de los medios de comunicación en la opinión pública es indiscutible. De ahí la importancia del tratamiento que se dé a dicha información, los mensajes e imágenes que se utilicen, y la necesidad de, realmente, reflejar la realidad del tema que se aborda. Los medios se constituyen en un canal de transmisión y multiplicación de información gracias a su capacidad de llegar a millones de personas. Por ello, se debe trabajar con los medios de comunicación para que ofrezcan una imagen objetiva y digna del VIH, y para que, aprovechando su impacto educativo en la sociedad, desarrollen actividades de sensibilización y concienciación.

En el sistema educativo, desde el marco general de la educación en valores y en ciudadanía, hay que integrar la educación sobre VIH y el fomento de la solidaridad y el respeto en éste área.

Desde el punto de vista de la salud pública la estigmatización es, además de la vulneración de unos derechos fundamentales, un gran obstáculo en el tratamiento y la prevención del VIH ya que puede actuar como facilitador de conductas de riesgo (miedo a reconocer la seropositividad, miedo a la realización de la prueba del VIH, ocultación de prácticas de riesgo por parte de personas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad), lo cual hace más difícil realizar programas de prevención, facilitando la propagación de la epidemia. Asimismo, el estigma y la discriminación actúan como promotores de la invisibilidad del VIH, con lo que supone de dificultad añadida para la vigilancia epidemiológica del VIH y con ello, para la aplicación práctica de programas de prevención y control del VIH.

Por tanto, el VIH/sida es una enfermedad que presenta la peculiaridad, con respecto a otras enfermedades, de que conlleva estigma y discriminación en las personas con VIH, lo cual provoca una mayor vulnerabilidad tanto en ellas como en la población general. Mientras no se eliminen estos factores, el abordaje del VIH ha de ser excepcional e integral.

Hay estudios que muestran que la estigmatización puede reducirse con una variedad de estrategias de intervención que incluyen la información, el consejo, la adquisición de habilidades y el contacto con personas afectadas. Hay que trabajar tanto con la población general (estigma confirmado y discriminación) como con las personas que viven con VIH (estigma percibido) y con los profesionales de las instituciones sociales y sanitarias (prevención, sensibilización e intervención sobre el estigma confirmado y el estigma percibido).

En marzo de 2007, los ministros y representantes del Gobierno de la Unión Europea, entre los que se encontraba España, se han comprometido en Bremen a “respetar, actuar y cuando sea necesario, legislar para promocionar y garantizar los derechos humanos, incluyendo la lucha contra la discriminación y la estigmatización, especialmente de las personas que viven con el VIH/sida y aquellos más afectados por la epidemia en Europa y en los países vecinos: personas que se inyectan drogas y sus parejas, hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, jóvenes, mujeres, inmigrantes, niños, personas en prisión, hombres y mujeres involucrados en la prostitución”.

Es necesario trabajar coordinadamente con las instituciones encargadas de velar por los derechos de las personas, comunidades autónomas y ONG, para desarrollar las estrategias más adecuadas para solucionar situaciones en las que hay constancia de que se produce discriminación hacia las personas con VIH.

El entorno social

¿Sabemos lo suficiente acerca de las consecuencias sociales que esta enfermedad acarrea? ¿Somos concientes de lo que viven los enfermos, cómo se sienten frente a un mundo lleno de prejuicios y discriminación? ¿Estamos seguros de cómo tratar a alguien que vive con esta enfermedad? ¿Sabemos cómo enfrentar la situación?

Es responsabilidad de cada uno de nosotros informarnos, conocer lo que ocurre en el mundo más allá de las cifras y los números, así como tratar de comprender los sentimientos de los que padecen esta enfermedad.

El VIH puede ser causa de algunos problemas sociales y emocionales. Dentro de los problemas emocionales podemos incluir el miedo, la incertidumbre respecto al futuro, la ira y el enfado hacia la enfermedad, hacia uno mismo, o hacia el personal sanitario. Sensación de desesperación y sentimientos de pérdida así como entrar en un conflicto de lucha entre la culpabilidad y la vergüenza.

Los problemas sociales incluyen el enfrentarse con las respuestas y las reacciones de las personas y de su entorno cuando saben el diagnóstico. Para la familia suele ser difícil, se sentirá consternada, enfadada, confusa, dolida o sorprendida. Mensajes de desaprobación pueden conducir a la persona que vive con VIH hacia una soledad llegando en algunos casos a una ruptura de la relación con personas importantes de su vida.

Las reacciones de la sociedad hacia el diagnóstico de VIH van desde el miedo y el desconocimiento hasta el rechazo y la no aceptación del otro. La persona con VIH, por tanto, está tratando no sólo con sus propias emociones ante el diagnóstico sino también debe tratar con los pensamientos y actitudes de la sociedad, muchas veces con opiniones diferentes sobre la naturaleza y la causa de la enfermedad. Puede resultar muy difícil llevar la carga de la presión social así como el estrés y las emociones de padecer el VIH.

¿A QUIÉN SE LO DIGO Y A QUIÉN NO?

Existirán momentos en los que no querrás que nadie conozca lo que te ocurre, aislándote totalmente, en otras ocasiones, querrás decírselo a todo el mundo. Son reacciones normales.

Has de tener claro que no estás obligado a explicar tu nueva situación. Tú decides a quienes explicárselo, cómo contarlo y en qué momento. También tendrás que decidir, cuando mantengas relaciones sexuales, cómo cuidar y proteger a tu pareja y a ti de nuevas infecciones. Algunas personas con VIH confían su situación a su familia, amigos, otros prefieren hablar de su nueva situación en un grupo de apoyo. Es una decisión difícil y por ello son muchas las personas que evitan hablar del tema por el temor a ser rechazadas.

No existe una fórmula perfecta o mágica con la que decir que vives con el VIH, como tampoco existe la manera de saber cómo reaccionarán las personas en las que depositas tu confianza.

Es importante que compartas al menos con una o varias personas tus preocupaciones, temores y situaciones de malestar. Esto te puede ayudar a adaptarte a la nueva situación. También puede resultar útil ponerte en contacto con otras personas que padezcan VIH, por ejemplo a través de alguna organización, como las Comisiones Antisida y los grupos de Auto apoyo.

Es conveniente que exista una relación de confianza con aquellas personas con las que compartes tus sentimientos. Piensa, por tanto, cuáles son las personas que son importantes para ti y por qué lo son. Normalmente, sólo serán unas cuantas a las que podrás contar en un principio que eres portador del virus. Puedes decirles lo que esto significa para ti y que tipo de apoyo te gustaría recibir. No sólo es importante analizar a quién se lo vas a contar sino también qué es lo que vas a decir.

Después podrás considerar si deseas contárselo a más gente. Recuerda que las primeras reacciones pueden ser muy fuertes, puesto que esas personas también se ven enfrentadas al temor, la confusión y el dolor. Es posible que requieran tiempo antes de poder dedicarte la atención que esperas, por lo que, inicialmente, podrías sentirte rechazado.

A veces la gente no es capaz de soportar el hecho de que un amigo o un familiar viva con el VIH; precisamente personas con las que habías contado. ¡Eso duele! Sin embargo, otras personas, con las que quizás no contabas, pueden llegar a ser un apoyo muy importante.

Tanto la persona con VIH como las personas de su entorno inmediato atraviesan el proceso a su manera, por lo que puede resultar muy difícil compartirlo. Una persona puede sentirse, por ejemplo, triste y deprimida mientras que otra se encuentre enfadada y rebelde. Esta diferencia de estados de ánimo puede llevar a sentimientos de incomprensión y, a veces como consecuencia, de soledad. Para tratar de evitarlo, puedes intentar escuchar atentamente lo que le está sucediendo a la otra persona, sin pretender influir sobre ella ni negar lo que le sucede.

En nuestra sociedad existe la tendencia a negar o atenuar lo más posible los sentimientos fuertes. Muchas veces, las personas intentarán tranquilizarnos. Hay que tener en cuenta que en ocasiones, este tipo de observaciones pueden dificultar el proceso de asimilación, puesto que para poder asimilar una situación es importante poder expresar esos sentimientos.

¿CÓMO VIVO CON EL VIH?

Después de asimilar el primer golpe, todo gira en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo vivo con el VIH?

Parece que el VIH nos hace sentirnos impotentes. En nuestra cultura occidental, hemos aprendido más bien a superar la enfermedad que a vivir con ella. La imposibilidad de curar una enfermedad equivale a primera vista a la impotencia. Pueden apoderarse de ti sensaciones de vacío, irrealidad, angustia, desesperación y confusión. El mundo parece completamente distinto.

A veces el dolor y la desesperación son tan grandes que te sientes deprimido, tal vez te sientas solo. Pero en ocasiones, el dolor y la confusión pueden llegar a pasar a un segundo plano, dejando paso a una cierta aceptación, puede que te estés haciendo a la idea de lo que te está sucediendo, y de lo que quieres y no quieres que suceda el resto de tu vida.

El VIH evoca multitud de emociones y permite averiguar cómo se enfrenta nuestra sociedad con la sexualidad, la enfermedad y la muerte. Aparte de todos estos aspectos difíciles y dolorosos, el VIH puede llegar a ejercer un efecto positivo sobre la vida de algunas personas. A veces la enriquece, las amistades se profundizan, compartiendo más calor, intimidad y amor. Esto no es consecuencia del VIH, sino de la forma en la que la gente vive con el VIH.

Quizá el hecho de vivir con el VIH puede ser un reto para todas las personas involucradas. Cualquier crisis que suframos en nuestra vida nos ofrece la posibilidad de aprender, crecer, reinventarnos, vivir de un modo realmente nuevo para nosotros.

GRUPOS DE APOYO

Sin embargo, el enfrentamiento con el VIH puede ser tan virulento que parece que te inunda, en este sentido puede ser beneficioso pedir la ayuda de un profesional.

Recuerda que tienes derecho a recibir ayuda, y que pedir ayuda no es ninguna vergüenza, debes buscar el apoyo que necesitas. Pedir ayuda no es un signo de debilidad sino, precisamente, de independencia, puesto que eres tú quien se encarga de que todo funcione lo mejor posible. Pedir ayuda es parte de un proceso, de una voluntad de querer encontrarte mejor y abordar las dificultades que te conciernen. En este sentido, es más una victoria que una derrota.

Pedir ayuda tiene aspectos positivos:

  • Demuestras confianza a la persona a la que solicitas ayuda. Al fin y al cabo, estarás compartiendo con ella algo muy personal.
  • Ya no estás solo en tu lucha contra el VIH.
  • La relación entre la persona que te ayuda y tú suele consolidarse. A los demás también les agrada tener la posibilidad de hacer algo por ti.
  • Tendrás más tiempo y energía para hacer otras cosas.

El contacto con otras personas con VIH y con los grupos de Auto ayuda puede suponer una gran ayuda. Si deseas más información, acude a algún Comité Antisida, grupo de Auto-apoyo u otra asociación que ofrezca este tipo de servicios. En España la gran mayoría de organizaciones sobre el VIH prestan este tipo de apoyo o sabrán derivarte al lugar más idóneo.

La mayoría de los grupos de Auto-apoyo existentes están integrados en Asociaciones y Comisiones Ciudadanas Antisida. Estos grupos facilitan que las personas con VIH se relacionen entre sí y compartan experiencias que ellos entienden mejor que nadie. Esto es especialmente importante para aquellas personas que viven aisladamente su condición de seropositividad por miedo al rechazo y a la discriminación o, simplemente por no alarmar a sus familiares y amigos.

En los grupos de Auto-apoyo tendrás la posibilidad de hablar libremente de tus preocupaciones y, también, de observar la forma en que cada persona afronta su seropositividad. Cada grupo tiene sus propias normas básicas de funcionamiento, y tienen como objetivo el facilitar la convivencia dentro del mismo así como respetar el turno  de la palabra.

Las actividades de auto-apoyo se centran por lo general en unas reuniones de grupo que suelen tener lugar una vez a la semana y son moderadas por uno de los participantes. En otros casos esta actividad recae en un profesional que puede ser un consejero, un psicólogo, un trabajador social… Moderadas por unos o por otros, lo que sin lugar a dudas tienen en común estas reuniones es servir como fuente de ánimo constante. Compartiendo experiencias, los participantes contrastan diversas formas de afrontar la seropositividad y cómo vivir con ella. Igualmente, son una fuente importante de información ya que, además de tratar aspectos anímicos y de relaciones humanas, surgen a menudo temas relacionados con la calidad de vida. A este respecto, temas de alimentación, cuidados físicos, tratamientos, sexo seguro, relajación, etc son tratados frecuentemente.

Paralelamente a las reuniones de auto-apoyo, algunos grupos organizan seminarios de formación acerca de nutrición, autocuidados, técnicas de relajación etc. También son llevadas a cabo actividades sociales y de ocio como excursiones, fiestas o videoforum, por poner algunos ejemplos.

La ayuda que las personas que viven con VIH se ofrecen entre ellas puede ser de gran utilidad, precisamente porque puedes compartir cosas que personas ajenas no entienden muy bien puesto que no se encuentran en la misma situación. Este apoyo de los compañeros puede realizarse de forma organizada a través de grupos de apoyo y debate. También podrás conocer a otras personas con tu mismo problema en las organizaciones de personas que viven con VIH.

LA SEXUALIDAD

Aunque el sexo significa algo diferente para cada persona, el sexo está vinculado con la intimidad, la ternura, el deseo, las pulsiones y el amor. El sexo es también una forma de transmitir y recibir calor, de encontrar placer físico y de relajarse, y suele ser también una parte muy importante en la vida de cada uno de nosotros.

Hablaremos de amor, deseos y temores en nuestras relaciones con los demás, así como de conseguir disfrutar de una sexualidad plena a la medida de cada uno.

A estas alturas es obvio que no existen mensajes destinados específicamente a personas seropositivas, sino que deberíamos dirigir nuestros mensajes e informaciones a todas aquellas personas que vayan a mantener relaciones sexuales. En cualquier caso, es importante que sepáis tanto tú como tu pareja que el tratamiento antirretroviral no impide la transmisión del virus.

En ocasiones, después de conocer que tienes VIH, puede ocurrir que ya no te apetezca mantener relaciones íntimas. Son muchos los que piensan que el sexo se ha acabado para ellos, llegando algunas personas a padecer disminución del deseo sexual. También es posible que tengas miedo de transmitir el VIH a tus parejas sexuales o que te sientas inseguro con respecto a algunas de estas cuestiones. Es posible que en estos casos el interés por el sexo pueda verse notoriamente disminuido, o los sentimientos de vergüenza o culpa que en no pocas ocasiones lleva asociados la enfermedad sean más palpables.

Es recomendable mantener siempre relaciones sexuales seguras, independientemente de que tu pareja tenga o no el VIH. El concepto de sexo más seguro no sólo significa protección para nuestras parejas, sino que también implica protección para uno mismo frente a una posible reinfección por otro virus que incluso podría ser resistente a la medicación que estés tomando, también supone evitar otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS).

Si tienes VIH debes saber que:

  •          Existe la posibilidad de una reinfección, puesto que hay distintos tipos de VIH. Tu sistema inmunitario deberá hacer frente a una nueva infección.
  •          Pueden transmitirte Infecciones de Transmisión Sexual. Si practicas el sexo seguro, existen menos probabilidades de que te transmitan este tipo de infecciones, tales como la sífilis o la gonorrea. Estas infecciones activan tu sistema inmunitario, de modo que es posible que el VIH se multiplique. Con el sexo seguro, no sólo proteges a tu pareja sino también a ti mismo.
  •          Podrás seguir practicando el sexo normalmente, protegiéndote y protegiendo a tus parejas sexuales.

Miedo a infectar a otra persona

Quizá tengas miedo de infectar a otra persona. En muchos casos el hecho de saber que uno es portador del VIH es suficiente motivo para que surja la responsabilidad de tener contactos sexuales más seguros. Además, hoy en día, si tienes una correcta adherencia al tratamiento, y tienes carga viral indetectable, las posibilidades de transmisión a otra persona son cercanas a 0.

¿Cuándo decirle a tu pareja que tienes el VIH?

Si tienes pareja estable en el momento del diagnóstico cómo y qué decirle serán seguramente una de tus primeras preocupaciones. Para algunas parejas el resultado puede ser previsible mientras que para otras puede ser toda una sorpresa que provocará muchos momentos difíciles. Si piensas que tu pareja no está preparada para recibir esta información, quizás no puedas esperar de entrada que te ofrezca la ayuda y el apoyo que en estos primeros momentos necesitas. En este caso, será importante que uno y otro os deis un tiempo para asumir la situación.

Antes de comunicarle la noticia a tu pareja, tómate un tiempo para pensar cómo y cuándo hacerlo. A veces, hablar de tus preocupaciones sobre sexualidad con un amigo, tu médico, una asociación o un grupo de apoyo, puede ayudarte a tomar determinadas decisiones difíciles.

Si no tienes pareja estable, y tus parejas son esporádicas, es también muy importante que pienses con tiempo cuál será tu conducta a seguir en tus encuentros esporádicos. En ocasiones el comienzo de una relación puede ser el mejor momento para hablar.

Pero en cualquiera de los dos casos, toma precauciones y no olvides el uso de medidas de prevención en todas y cada una de tus relaciones.

¿Cómo puede transmitirse sexualmente una infección por VIH?

  • La infección depende de dos factores, por un lado de los fluidos corporales y por otro del lugar en el que se produzca el contacto.
  • Fluidos corporales: para que se produzca la transmisión tiene que existir un fluido con virus (sangre, semen, flujo vaginal) que entre en contacto con la sangre o la mucosa anal o vaginal de la otra persona. La vagina y el ano tienen una mucosa muy frágil a través de la cual fácilmente se puede producir una infección.
  • Cantidad de virus: el virus debe estar presente en cantidad suficiente en estos fluidos. La sangre y el semen son los fluidos que contienen mayor nivel de VIH, seguidos de la sangre menstrual, el flujo vaginal.
  • Vía de transmisión: debe existir una puerta de entrada, una lesión o herida para que se produzca la transmisión. Nuestra piel constituye una barrera natural que sólo pierde su eficacia protectora cuando se daña o deteriora.
  • En la saliva, lágrimas y sudor: aquí el VIH está muy poco concentrado. No puedes resultar infectado a través de estos líquidos corporales.

Penetración anal

La penetración anal suele causar pequeñas lesiones en la pared del ano o del recto o en la mucosa del pene. El VIH puede penetrar a través de esas lesiones, de modo que el esperma y el flujo previo a la eyaculación pueden provocar una infección por VIH. Por ello, se recomienda no practicar la penetración anal sin las adecuadas medidas de protección. Tanto la persona activa como la pasiva corren riesgo.

Penetración vaginal

A menudo la penetración vaginal causa pequeñas lesiones en la pared vaginal y en la mucosa del pene, de modo que el VIH que se encuentra en el esperma, el flujo previo a la eyaculación y en la secreción vaginal, puede penetrar en el cuerpo y provocar la infección en la mujer y en el hombre.

Sexo oral

Sexo oral (contacto boca-pene, boca-vagina, boca-ano): La boca es un entorno muy poco hospitalario para el VIH. Esta ruta es menos riesgosa que el coito anal o vaginal. Sin embargo, se han dado casos documentados de transmisión del VIH por vía oral, así que no podemos decir que recibir semen, fluido vaginal o sangre infectados en la boca no tenga riesgo.

Se recomienda optar por la seguridad y no eyacular en la boca de la otra persona ni dejar que alguien eyacule en la tuya. Si tienes alguna herida o infección en la boca, el contacto con el semen de tu compañero seropositivo (sobre todo si eyacula en tu boca) podría transmitirte la infección. La felación con condón es segura.

El cunnilingus es la práctica del sexo oral a la mujer y el anolingus es la práctica de sexo oral sobre la zona anal. Se aconseja el uso de una barrera de látex (film de cocina o preservativo rasgado) para cubrir con él la vagina en caso que la persona que la realiza presente alguna lesión, herida o infección en la boca.

Besos, caricias y masajes

Los besos profundos, las caricias, los masajes… son prácticas sexuales que no comportan riesgo, siempre y cuando se practiquen con mucosas y piel sanas.

EMBARAZO Y VIH

La decisión de tener un hijo/a es un tema que merece especial reflexión. Es una decisión que supone un alto grado de responsabilidad y compromiso.

¿Puedo quedarme embarazada si soy seropositiva?

Es fundamental que tu decisión esté bien reflexionada, no debes olvidar que existe el riesgo de transmitir el VIH a tu hijo/a, y que este riesgo será tanto más bajo cuanto mejor controlada esté tu infección.

Si te encuentras bien controlada de tu infección, con una carga viral indetectable y unas defensas óptimas, las posibilidades de transmisión en la actualidad son bajas (entre 2 y 3%), pero no hay que olvidar que existe la posibilidad de que el virus sea transmitido durante el embarazo y sobre todo durante el parto.

Las mujeres VIH positivas que deseen quedar embarazadas deben buscar asesoría sobre los riesgos para sus futuros hijos y métodos que les ayuden a evitar que su bebé resulte infectado. El uso de ciertos medicamentos reduce enormemente las probabilidades de que el bebé se infecte durante el embarazo.

Cuando hablamos de transmisión perinatal nos referimos a la que se produce durante el embarazo al transmitir el virus al feto, durante el parto o durante la lactancia materna.

La transmisión del VIH de madre seropositiva a hij@ se puede producir en tres momentos:

  • Durante el embarazo.
  • Durante el parto.
  • Durante la lactancia.

Las mujeres seropostivas (infectadas por el VIH) que estén embarazadas deben saber que:

  • Hay tratamientos específicos que reducen eficazmente el riesgo de transmisión del virus al hij@ durante la gestación, hasta un 3%, por lo que es importante un estricto seguimiento médico durante el embarazo.
  • Debido a que una de las formas de transmitir el VIH es a través del canal del parto, debido a la gran cantidad de sangre materna que interviene en este evento, es aconsejable la cesárea.
  • Teniendo en cuenta que la leche materna puede transmitir el virus: las madres infectadas no deben dar el pecho al bebé.

La transmisión vertical de la infección por el VIH ha experimentado un importante cambio en los últimos años, desde la introducción de tratamiento profiláctico con antirretrovirales durante el embarazo. Diversos estudios constatan una disminución muy significativa de la infección en niños nacidos de madres seropositivas, y de cara al futuro se espera disminuir aún más la transmisión vertical de esta infección.

¿Cuándo podré quedarme embarazada?

Una vez cuentes con toda la información, el mejor momento lo determinarás tú y tu pareja en caso de que la tengas.

Recuerda que para evitar al máximo el riesgo para tu salud y para la de tu futuro hijo/a es aconsejable:

  • Tener un control médico periódico para saber el número de defensas T CD4, y la Carga viral, ya que en un sistema inmunitario debilitado un embarazo puede empeorar tu salud.
  • No padecer cualquier otra patología asociada que pudiera interferir con el embarazo (enfermedades oportunistas, Infecciones de Transmisión Sexual, problemas asociados al uso de sustancias adictivas…)

¿Puedo amamantar a mi hijo/a?

Existe riesgo de transmitir el VIH a través de la leche materna, así que la lactancia materna debe evitarse.

LA ALIMENTACIÓN

A menudo se han ignorado los aspectos relacionados con la nutrición cuando se habla de la infección por el VIH/sida y se dirige la atención fundamentalmente a los tratamientos farmacológicos y a aspectos esencialmente clínicos, olvidando la importancia de la alimentación, que se pone de manifiesto desde las primeras etapas de la infección y que evita deficiencias nutricionales, ya que una alimentación saludable y equilibrada ayudará a mantener el peso corporal y un buen estado general.

Las diferentes situaciones clínicas asociadas al VIH/sida, que se dan en el transcurso de la infección, aumentan considerablemente el riesgo de malnutrición y repercuten en el consumo, la digestión y el aprovechamiento de los alimentos. Las infecciones en la boca y en el tracto digestivo, las náuseas o el vómito, la diarrea y la pérdida de peso son más tolerados con un buen estado nutricional.

A pesar de que una buena nutrición no tiene repercusión en la prevención del VIH ni en la curación del sida, una nutrición equilibrada refuerza el sistema inmunitario y potencia los niveles de energía por lo que ayuda al organismo a resistir mejor los efectos de la enfermedad.

El tándem alimentación-nutrición efectuado de una forma correcta contribuye a mantener o mejorar la situación nutricional del paciente, a prevenir su deterioro y a paliar los síntomas que pueden aparecer en el desarrollo de su enfermedad, obteniendo así una mejora considerable de su calidad de vida.

EL EJERCICIO FÍSICO

Una buena nutrición, un adecuado tratamiento médico y un programa de ejercicio regular y moderado son las claves para mejorar la sensación de bienestar y calidad de vida de la persona con infección por VIH.

¿Qué beneficios nos aporta el ejercicio?

■ Aumenta la masa muscular, la resistencia y la flexibilidad.

■ Ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y la depresión.

■ Mejora el sueño y la función intestinal.

■ Mejora la función cardiopulmonar.

■ Suele aumentar el apetito.

■ Mejora algunos síntomas asociados a la lipodistrofia.

A nivel del sistema inmunológico, con el ejercicio se liberan unas sustancias químicas que se llaman endorfinas que pueden mejorar los recuentos de leucocitos y de células T. Es importante que el ejercicio se realice a un ritmo moderado ya que los esfuerzos pueden acentuar la inmunodepresión.

Al principio es frecuente que a las personas que nunca se han animado a realizar ningún tipo de ejercicio físico les pueda costar, pero no tardarán en apreciar los efectos favorables; después de cierto tiempo se experimenta una sensación de bienestar.

En el caso de que se apunte a un gimnasio, es recomendable hablar con el entrenador físico para que le ayude a plantear un programa de ejercicio que sea adecuado para usted.

Empiece con un ritmo moderado, por ejemplo, tres veces por semana. Esto le da cuatro días para descansar y recuperarse.

Cada sesión de ejercicio puede iniciarse con cinco a diez minutos de calentamiento: puede incluir estiramientos y andar.

Después siga con los ejercicios aeróbicos: pueden incluir footing, marcha, bicicleta u otras actividades que le gusten y que pueda realizar al menos durante veinte minutos.

Intente incluir pesas y ejercicios de resistencia: realice repeticiones cíclicas de contracciones de músculo. Empiece con pesos ligeros y auméntelos poco a poco.

Termine cada sesión con cinco minutos de estiramientos y ejercicios de relajación.

LOS DERECHOS DE LA PERSONA QUE VIVE CON EL VIH

  • Las personas que viven con el VIH o el sida tienen los mismos derechos y deberes que cualquier otra persona.
  • Nadie tiene derecho a restringir la libertad o los derechos de las personas por el único motivo de que éstas personas vivan con el VIH, cualquiera sea su raza, nacionalidad, religión, sexo u orientación sexual.
  • Ninguna persona que vive con el VIH será sometida a aislamiento, cuarentena o cualquier tipo de discriminación.
  • Toda persona que convive con el VIH tiene derecho a la participación en todos los aspectos de la vida social. Toda acción que tienda a apartar a las personas que conviven con el VIH de un empleo, de un alojamiento, de una asistencia, o a privarlos de ellos, o que tienda a restringirles la participación en las actividades colectivas, debe ser considerada discriminatoria y penada por la Ley.
  • Toda persona que convive con el VIH tiene derecho a la continuación de su vida civil, profesional, sexual y afectiva. Ninguna acción podrá restringir sus plenos derechos de ciudadanía.
  • Todas las personas tienen derecho a la información clara, exacta y científicamente fundada acerca del VIH, sin ningún tipo de restricción. Las personas que viven con el VIH tienen derecho a informaciones específicas sobre su condición como tales.
  • Nadie será sometido con carácter obligatorio a las pruebas de detección del VIH. Estas deberán ser usadas exclusivamente para fines diagnósticos, para el control de transfusiones o transplantes o para estudios epidemiológicos, pero jamás para ningún tipo de control de personas o poblaciones. En todos los casos de análisis, los interesados deberán ser informados por un profesional competente.
  • Toda persona que convive con el VIH tiene derecho a comunicar su estado de salud o el resultado de sus análisis sólo a las personas a las que desee hacerlo.
  • La privacidad de la persona infectada por el VIH deberá estar asegurada por todos los servicios médicos y asistenciales.
  • Toda persona que vive con el VIH tiene derecho a la asistencia y al tratamiento, suministrados ambos sin ninguna restricción y garantizando su mejor calidad de vida.
  • Todas las personas tienen el derecho a recibir sangre y hemoderivados, órganos o tejidos que hayan sido rigurosamente analizados y comprobada en ellos la ausencia del VIH.

 VIH/sida y Derechos Humanos

Abordar el problema del sida desde el enfoque de los Derechos Humanos, ubicándolo en el contexto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, permite entender cómo surge y se desarrolla este fenómeno desde sus fundamentos. La extensión de la epidemia del VIH/sida y la alta vulnerabilidad de algunos grupos de población frente a esta, constituyen una muestra de la marginación y la inequidad en el pleno goce de los derechos individuales y sociales.

En este sentido, el VIH no es sólo un problema de salud, es un problema social que impacta sobre todos los aspectos de la vida del individuo y sobre las posibilidades de desarrollo de una sociedad, por lo que requiere de un abordaje integral.

El derecho a la salud hace a la dignidad de la persona y a su condición de sujeto de derechos. El pleno ejercicio de este derecho en forma efectiva, igualitaria y no discriminatoria es exigible por todos los seres humanos.

El Estado es el responsable de garantizar todos los derechos para todas las personas, por lo que debe brindar un sistema de protección de salud con igualdad de oportunidades para disfrutar del más alto nivel de salud posible. Esto incluye la prevención y atención de las enfermedades epidémicas y la lucha contra estas y la disponibilidad de condiciones que aseguren a todos los tratamientos médicos y los servicios sanitarios adecuados en caso de enfermedad.

Por su parte, la sociedad civil tiene también un compromiso como garante del cumplimiento de los derechos de la población. Sin embargo, y en relación a la problemática del sida, se ha incorporado socialmente un pensamiento discriminatorio que señala a determinadas características físicas y biológicas (sexo, edad, etnia, opción sexual, etc.) como diferencias que determinan los roles sociales. Estas diferencias se valoran como una situación de inferioridad o desigualdad, lo que hace que aquellos grupos considerados “diferentes” tengan mayores dificultades para vivir con bienestar y dignidad porque no se los reconoce como sujetos de derecho.

No es posible construir la salud y el bienestar desde la discriminación, la exclusión y el maltrato sostenido en las diferencias.

A lo largo de la historia, se ha instalado en la sociedad el miedo a las diferencias. La discriminación y la estigmatización se basan en generalizaciones y en prejuicios, es decir, en juicios emitidos sin tener conocimientos de lo que una persona es, siente o vive.

Muchas veces el trato hacia las personas que viven con VIH/sida y la dificultad para defender sus derechos se basan en el desconocimiento y el temor aprendido socialmente, así como en el miedo a la enfermedad y a la muerte.

En este marco, algunos de los derechos fundamentales de las personas que viven con VIH/sida son:

  • Derecho a recibir un trato y reconocimiento digno como persona.
  • Derecho a conocer su condición de salud y a que se le responda con veracidad y claridad a las preguntas relacionadas con su enfermedad.
  • Derecho a que se tome en cuenta su opinión al tomar decisiones sobre procedimientos que lo afecten en el tratamiento de la enfermedad.
  • Derecho a no estar solo/a, a recibir contención y apoyo.
  • Derecho a sentir y expresar sus miedos y angustias.
  • Derecho a que se contemplen sus necesidades en forma integral.

 

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